viernes, 29 de octubre de 2010
miércoles, 27 de octubre de 2010
II Jornadas Chileno-Uruguayas de Derecho del Trabajo- 3 y 4 de Noviembre
El próximo 3 y 4 de noviembre se realizará el II Encuentro Chileno-Uruguayo de Derecho del Trabajo y Seguridad Social, en Santiago de Chile.
Universidad Nacional Andrés Bello, Facultad de Derecho, Campus Bellavista Avda. Bellavista 0121, Providencia, Santiago. Tema I: “Mecanismos de determinación del salario”
Tema II: “El derecho de huelga”
Universidad Nacional Andrés Bello, Facultad de Derecho, Campus Bellavista Avda. Bellavista 0121, Providencia, Santiago. Tema I: “Mecanismos de determinación del salario”
Tema II: “El derecho de huelga”
En Sicología de la UDP Seminario: Trabajo, Subjetividad e Identidades.

El Programa de Estudios Psicosociales del Trabajo anuncia la realización del III Seminario Implicancias Psicosociales de las Transformaciones del Trabajo: Trabajo, Subjetividad e Identidades, que se realizará el jueves 04 de noviembre de 2010 en la Facultad de Psicología de la Universidad Diego Portales.
Informacion en:
http://www.boletinpsico.udp.cl/invitaciones/2010/septiembre/Seminario_Pepet.html
domingo, 24 de octubre de 2010
Los mineritos olvidados de Bolivia- ABC- 24.10
Abigaíl Canaviri, de 14 años, entra todas las noches en las galerías del Cerro Rico de Potosí, una de las minas más deterioradas y peligrosas del mundo. Allí empuja vagonetas cargadas de rocas durante doce horas, a cambio de dos euros. Como ella, unos 13.000 niños bolivianos arrancan rocas, muelen el mineral, lo tratan con ácidos y lo acarrean sobre sus hombros.martes, 19 de octubre de 2010
La ampliación de la huelga - Accidente de San Jose
Mi propuesta para estos casos es la ampliación del derecho a huelga.
La cuestión sería algo así como : en casos de infracciones constadas a las normas de higiene y seguridad en el trabajo, los trabajadores podran declarar la huelga hasta la correción de las mismas.
No entiendo porque algunos hablan -incluyo a la CUT- de "paro" y no de huelga como corresponde.
domingo, 17 de octubre de 2010
"San José y el ocaso de un modelo" - Cambio21- 16.10.2010

El accidente de la Mina San Jose deja varias lecciones. El problema es que su lectura no es tan obvia. De hecho, lo más fácil es creer que se trata de un caso aislado y grave de accidente del trabajo.
Un caso donde todo se confabulo para la desgracia: confluyeron al mismo tiempo y en el mismo lugar la mala suerte y un mal empleador.
Pero eso es muy obvio y podría terminar engañándonos. No se trata con mucho de un caso aislado y de hecho refuerza la impresión bastante extendida de que en Chile ni la legislación laboral ni los órganos de fiscalización dan la talla para cumplir con crear ambientes seguros e higiénicos de trabajo.
Este caso, en rigor, exhibe de golpe un asunto mucho más profundo sobre el modo en que hemos decidido que se entiendan nuestros trabajadores y empleadores. Refleja con letras grandes y con total crudeza el agotamiento de un modelo de relaciones laborales que diseñado a fines de los setenta, no ha soportado el paso del tiempo y lo que es peor, la llegada de nuevas y complejas realidades productivas.
Nuestro modelo de relaciones laborales -que tengo la impresión ha comenzado a vivir su ocaso con el accidente de San Jose- se caracteriza por confiar que el Estado y sus órganos de fiscalización harán cumplir las normas que otorgan derechos a los trabajadores. Pero también, por una atávica desconfianza en los propios trabajadores y su capacidad para autotutelar sus derechos mediante la acción colectiva, la organización sindical y la huelga.
Ambos son malas ideas. La confianza en la capacidad de fiscalización laboral estatal -visto los hechos- ya no resiste análisis. Sus multas son bajas, su aplicación es esporádica, y según se ha sabido queda sujeta a todo tipo de presiones políticas.
Y desconfiar de los trabajadores y sus organizaciones colectivas, sólo se explica por un reflejo ideológico anclado en reglas legales redactadas en tiempo de la televisión en blanco y negro, que se ha transformado en uno de nuestros más serios lastres para un acariciado sueño: ser un país desarrollado en el mejor sentido de esa idea.
Un caso donde todo se confabulo para la desgracia: confluyeron al mismo tiempo y en el mismo lugar la mala suerte y un mal empleador.
Pero eso es muy obvio y podría terminar engañándonos. No se trata con mucho de un caso aislado y de hecho refuerza la impresión bastante extendida de que en Chile ni la legislación laboral ni los órganos de fiscalización dan la talla para cumplir con crear ambientes seguros e higiénicos de trabajo.
Este caso, en rigor, exhibe de golpe un asunto mucho más profundo sobre el modo en que hemos decidido que se entiendan nuestros trabajadores y empleadores. Refleja con letras grandes y con total crudeza el agotamiento de un modelo de relaciones laborales que diseñado a fines de los setenta, no ha soportado el paso del tiempo y lo que es peor, la llegada de nuevas y complejas realidades productivas.
Nuestro modelo de relaciones laborales -que tengo la impresión ha comenzado a vivir su ocaso con el accidente de San Jose- se caracteriza por confiar que el Estado y sus órganos de fiscalización harán cumplir las normas que otorgan derechos a los trabajadores. Pero también, por una atávica desconfianza en los propios trabajadores y su capacidad para autotutelar sus derechos mediante la acción colectiva, la organización sindical y la huelga.
Ambos son malas ideas. La confianza en la capacidad de fiscalización laboral estatal -visto los hechos- ya no resiste análisis. Sus multas son bajas, su aplicación es esporádica, y según se ha sabido queda sujeta a todo tipo de presiones políticas.
Y desconfiar de los trabajadores y sus organizaciones colectivas, sólo se explica por un reflejo ideológico anclado en reglas legales redactadas en tiempo de la televisión en blanco y negro, que se ha transformado en uno de nuestros más serios lastres para un acariciado sueño: ser un país desarrollado en el mejor sentido de esa idea.
Es que un país donde sólo el 11 por ciento de los trabajadores tiene un sindicato que lo represente y donde negocia colectivamente el 5,4 por ciento de los trabajadores -en contraste con 60 por ciento promedio en el club de la OCDE- difícilmente puede ser desarrollado. Si es que por desarrollo, por supuesto, entendemos algo más un determinado numero del PIB per capita.
Tampoco puede ser desarrollado un país que según las reglas de su modelo califica cualquier intento de los trabajadores por protegerse a si mismos como ilegal. Así, a pesar de lo absurdo que suene, si los trabajadores de la Mina San José hubieran intentado hacer ver las precarias y peligrosas condiciones en que trabajaban ejerciendo su derecho a huelga, en vez de recurrir a la ineficaz acción fiscalizadora del Estado, dicha huelga habría sido ilegal. Y si otros trabajadores de otros yacimientos mineros en igual situación de peligrosidad intentarán hacer respetar las normas sobre higiene y seguridad mediante el ejercicio del derecho de huelga, dichas huelgas serían también ilegales.
Como se ve, un escenario que bordea el sinsentido. El mismo escenario, que a todo esto, nos enrostraban elegantemente nuestros nuevos socios de la OCDE -ellos si desarrollados- cuando diagnosticaban que: "las relaciones laborales en Chile son generalmente confrontacionales y marcadas por la falta de confianza".
Y que esto, según la misma OCDE, "se debe en parte a la limitada cobertura de los sindicatos y asociaciones empresariales. Por ejemplo, sólo el 11% de la fuerza laboral está sindicalizada y se concentra en determinados sectores, en particular en la minería (donde un 42% de los empleados está sindicalizado)".
No lo dice así la OCDE -cosas de la diplomacia-, pero sus palabras tienen el inconfundible aroma del fracaso.
Tampoco puede ser desarrollado un país que según las reglas de su modelo califica cualquier intento de los trabajadores por protegerse a si mismos como ilegal. Así, a pesar de lo absurdo que suene, si los trabajadores de la Mina San José hubieran intentado hacer ver las precarias y peligrosas condiciones en que trabajaban ejerciendo su derecho a huelga, en vez de recurrir a la ineficaz acción fiscalizadora del Estado, dicha huelga habría sido ilegal. Y si otros trabajadores de otros yacimientos mineros en igual situación de peligrosidad intentarán hacer respetar las normas sobre higiene y seguridad mediante el ejercicio del derecho de huelga, dichas huelgas serían también ilegales.
Como se ve, un escenario que bordea el sinsentido. El mismo escenario, que a todo esto, nos enrostraban elegantemente nuestros nuevos socios de la OCDE -ellos si desarrollados- cuando diagnosticaban que: "las relaciones laborales en Chile son generalmente confrontacionales y marcadas por la falta de confianza".
Y que esto, según la misma OCDE, "se debe en parte a la limitada cobertura de los sindicatos y asociaciones empresariales. Por ejemplo, sólo el 11% de la fuerza laboral está sindicalizada y se concentra en determinados sectores, en particular en la minería (donde un 42% de los empleados está sindicalizado)".
No lo dice así la OCDE -cosas de la diplomacia-, pero sus palabras tienen el inconfundible aroma del fracaso.
Fracaso de un modelo de relaciones laborales que junto con las piedras que caían en la mina, se desnudada para mostrar su peor cara: ni el Estado pudo evitarlo, ni se dejaba a los trabajadores intentarlo.
viernes, 15 de octubre de 2010
El trabajador en su soledad- fragmento
En el primer programa de gobierno de la Concertación –el de Aylwin de 1989- se leía –en su página 32- lo siguiente:
“Las relaciones laborales son parte fundamental de la democracia. En la medida que ellas sean justas y equilibradas y posibiliten la participación el sistema democrático tendrá estabilidad, será posible encontrar soluciones consensuales para un desarrollo económico social sostenido.
Actualmente la institucionalidad laboral vigente no satisface estos requisitos de justicia, equidad y participación. Dicha institucionalidad ha puesto a los trabajadores en una situación de grave desprotección. Ha impedido la constitución de un sindicalismo fuerte y representativo, así como el desarrollo de una negociación colectiva equitativa para los actores laborales. Por lo tanto, no puede esperarse de ella la legitimidad social que es necesaria para regular de manera armónica las relaciones entre trabajadores y empresarios en un futuro régimen democrático”.
Veinte años después la cuestión sigue sorprendentemente igual y en algún sentido peor: hoy en Chile –al final de los gobiernos concertacionistas- hay menos trabajadores organizados sindicalmente que al termino de la dictadura (1990: 13,4 %/ 2009: 12,5%), hay menos trabajadores con cobertura de negociación colectiva (1990: 7,6%/ 2009: 5,9%) y hay menos trabajadores ejerciendo su derecho a huelga (1990: 25.010/2009: 21.915).
Dicho en otras palabras -las propias del programa de Aylwin- nuestros trabajadores tienen menos equidad, menos justicia y menos participación hoy que hace 20 años.
Que duda cabe que –salvo periodos electorales- el modelo laboral fue el gran olvidado de los gobiernos de la Concertación. Tal como detallaremos más adelante, se trata del mismo modelo que fuera implementado por la dictadura militar en un contexto de fuertes restricciones al debate democrático –y por ende, sin participación de los trabajadores en su diseño– y que está referido a una realidad productiva y laboral que ya no existe, de 40 años atrás.
“Las relaciones laborales son parte fundamental de la democracia. En la medida que ellas sean justas y equilibradas y posibiliten la participación el sistema democrático tendrá estabilidad, será posible encontrar soluciones consensuales para un desarrollo económico social sostenido.
Actualmente la institucionalidad laboral vigente no satisface estos requisitos de justicia, equidad y participación. Dicha institucionalidad ha puesto a los trabajadores en una situación de grave desprotección. Ha impedido la constitución de un sindicalismo fuerte y representativo, así como el desarrollo de una negociación colectiva equitativa para los actores laborales. Por lo tanto, no puede esperarse de ella la legitimidad social que es necesaria para regular de manera armónica las relaciones entre trabajadores y empresarios en un futuro régimen democrático”.
Veinte años después la cuestión sigue sorprendentemente igual y en algún sentido peor: hoy en Chile –al final de los gobiernos concertacionistas- hay menos trabajadores organizados sindicalmente que al termino de la dictadura (1990: 13,4 %/ 2009: 12,5%), hay menos trabajadores con cobertura de negociación colectiva (1990: 7,6%/ 2009: 5,9%) y hay menos trabajadores ejerciendo su derecho a huelga (1990: 25.010/2009: 21.915).
Dicho en otras palabras -las propias del programa de Aylwin- nuestros trabajadores tienen menos equidad, menos justicia y menos participación hoy que hace 20 años.
Que duda cabe que –salvo periodos electorales- el modelo laboral fue el gran olvidado de los gobiernos de la Concertación. Tal como detallaremos más adelante, se trata del mismo modelo que fuera implementado por la dictadura militar en un contexto de fuertes restricciones al debate democrático –y por ende, sin participación de los trabajadores en su diseño– y que está referido a una realidad productiva y laboral que ya no existe, de 40 años atrás.
lunes, 11 de octubre de 2010
viernes, 8 de octubre de 2010
miércoles, 6 de octubre de 2010
LA SONRISA DEL PAPA NOS PREOCUPA- Nicanor Parra -1998
nadie tiene derecho a sonreír
en un mundo podrido como éste
salvo que tenga pacto con el Diablo
S.S. debiera llorar a mares
y mesarse los pelos que le quedan ante las cámaras de televisión
en vez de sonreír a diestra y siniestra
como si en Chile no ocurriera nada¡
Sospechoso señoras y señores!
S.S. debiera condenaral Dictador en vez de hacer la vista gorda
S.S. debiera preguntarx sus ovejas desaparecidas
S.S. debiera pensar un poquito
fue para eso que los Cardenales
lo coronaron Rey de los Judíos
no para andar de farra con el lobo
que se ría de la Santa Madre
si le parece pero que no se burle de nosotros
en un mundo podrido como éste
salvo que tenga pacto con el Diablo
S.S. debiera llorar a mares
y mesarse los pelos que le quedan ante las cámaras de televisión
en vez de sonreír a diestra y siniestra
como si en Chile no ocurriera nada¡
Sospechoso señoras y señores!
S.S. debiera condenaral Dictador en vez de hacer la vista gorda
S.S. debiera preguntarx sus ovejas desaparecidas
S.S. debiera pensar un poquito
fue para eso que los Cardenales
lo coronaron Rey de los Judíos
no para andar de farra con el lobo
que se ría de la Santa Madre
si le parece pero que no se burle de nosotros
viernes, 1 de octubre de 2010
La huelga y el modelo de relaciones laborales- Entrevista Fundacion Sol

Aquí volvemos a lo que estabas diciendo antes: el derecho del trabajo no tiene nada que ver con el empleo…
-Claro, es la tesis del derecho y la economía. El derecho termina siendo bastante menos relevante de lo que se suele creer en términos de generación de riqueza. Pero sí es muy importante en la distribución de ésta. Al momento de generar el PIB de un país, el derecho laboral es sustancialmente irrelevante. Al momento de decidir cuál va a ser el nivel de igualdad de la sociedad, el dato del derecho laboral es clave. Aquí la experiencia española nos vuelve a servir: en la década de los ’80, el gobierno de Felipe Gonzalez creó los contratos precarios, o contratos “basura”, porque se suponía que con esto se iban a crear muchos empleos e iba a disminuir la temporalidad. Bueno, no tuvo ningún efecto. En el caso chileno, también se ha comprado esa idea y se han incorporado normas sobre jornada parcial, sobre teletrabajo, etc. Eso no tiene ninguna importancia en la creación de empleo. Ahora, si tu tocas las reglas de negociación colectiva y huelga ahí sí que tiene relevancia, pero no para crear empleo o riqueza, sino para distribuirla… Este es el gran pecado del derecho del trabajo en nuestra sociedad, en el fondo.
-Claro, es la tesis del derecho y la economía. El derecho termina siendo bastante menos relevante de lo que se suele creer en términos de generación de riqueza. Pero sí es muy importante en la distribución de ésta. Al momento de generar el PIB de un país, el derecho laboral es sustancialmente irrelevante. Al momento de decidir cuál va a ser el nivel de igualdad de la sociedad, el dato del derecho laboral es clave. Aquí la experiencia española nos vuelve a servir: en la década de los ’80, el gobierno de Felipe Gonzalez creó los contratos precarios, o contratos “basura”, porque se suponía que con esto se iban a crear muchos empleos e iba a disminuir la temporalidad. Bueno, no tuvo ningún efecto. En el caso chileno, también se ha comprado esa idea y se han incorporado normas sobre jornada parcial, sobre teletrabajo, etc. Eso no tiene ninguna importancia en la creación de empleo. Ahora, si tu tocas las reglas de negociación colectiva y huelga ahí sí que tiene relevancia, pero no para crear empleo o riqueza, sino para distribuirla… Este es el gran pecado del derecho del trabajo en nuestra sociedad, en el fondo.
martes, 7 de septiembre de 2010
Gabriel Salazar- Que Pasa - 03.09.2010
-¿Y usted coincide con esa mirada?
-En general sí. Es evidente que el PS actual y la DC actual olvidaron los fundamentos sobre los cuales se constituyeron como partidos. El PS con toda la trayectoria del Frente de Trabajadores, la revolución latinoamericana distinta de la moscovita... Y la DC, que surge también con esto de la opción preferencial por los pobres, Jacques Maritain, Juan XXIII, Pacem in Terris, todo un pensamiento humanista cristiano en pro de la justicia social. Todo ese discurso, que caracterizó al primer gobierno de la DC, hoy nadie lo menciona. Ninguno de esos discursos se menciona... hoy son todos neoliberales.
-¿Los socialistas se olvidaron de los trabajadores y los democratacristianos se olvidaron de los pobres?
-Claro, todos administraron el modelo neoliberal de Pinochet, y en su misma lógica. Y eso explica el descontento de las bases, porque son partidos de cúpulas.
-En general sí. Es evidente que el PS actual y la DC actual olvidaron los fundamentos sobre los cuales se constituyeron como partidos. El PS con toda la trayectoria del Frente de Trabajadores, la revolución latinoamericana distinta de la moscovita... Y la DC, que surge también con esto de la opción preferencial por los pobres, Jacques Maritain, Juan XXIII, Pacem in Terris, todo un pensamiento humanista cristiano en pro de la justicia social. Todo ese discurso, que caracterizó al primer gobierno de la DC, hoy nadie lo menciona. Ninguno de esos discursos se menciona... hoy son todos neoliberales.
-¿Los socialistas se olvidaron de los trabajadores y los democratacristianos se olvidaron de los pobres?
-Claro, todos administraron el modelo neoliberal de Pinochet, y en su misma lógica. Y eso explica el descontento de las bases, porque son partidos de cúpulas.
Bonita manera de llegar a celebrar el Bicentenario…
-O bien celebramos un cumpleaños o bien hacemos un balance de vida. Son dos cosas distintas. Podemos celebrar el cumpleaños 200 de la Independencia, que es probablemente lo que predominará. Pero otra cosa es un balance de lo que hemos hecho o dejado de hacer y que nos tiene con este malestar interior. Esa evaluación no se está haciendo.
-O bien celebramos un cumpleaños o bien hacemos un balance de vida. Son dos cosas distintas. Podemos celebrar el cumpleaños 200 de la Independencia, que es probablemente lo que predominará. Pero otra cosa es un balance de lo que hemos hecho o dejado de hacer y que nos tiene con este malestar interior. Esa evaluación no se está haciendo.
jueves, 26 de agosto de 2010
domingo, 22 de agosto de 2010
Mina San Jose y tutela laboral - 22.08.2010
Existen -brevemente- varias cosas en este aspecto para decir:
1.- La Inspección del Trabajo y cualquier organización sindical minera tienen interés legitimo para demandar una accion de tutela laboral por "derecho a la vida e integridad física y síquica" de los trabajadores.
2- El objeto principal de esta acción debería ser una indemnización por daño moral a cada uno de los trabajadores atrapados en la mina, consecuencia expresamente prevista por las normas de tutela laboral. Y asimismo la modificación total del sistema de trabajo de esa y otras minas de la misma empresa en términos de higiene y seguridad. Todo esto es posible dentro de la acción de tutela laboral.
Sin perjuicio, obviamente, de la acción penal que ya esta en curso por el delito de lesiones culposas, a la que sinceramente no le tengo ninguna fe. El Derecho Penal chileno no esta en condiciones de responder ante el desafio de los accidentes del trabajo.
viernes, 20 de agosto de 2010
martes, 10 de agosto de 2010
Otros tiempos no fueron distintos- "Justicia de Clase" de Novoa Monreal- 1970
La principal (causa) la hemos explicado ya en otra oportunidad…el pluralismo ideológico imperante no rige para el Poder Judicial, mantenido enteramente al margen de la renovación de las aspiraciones nacionales en lo social. Ese Poder, particularmente la Corte Suprema, es un incondicional defensor del status social, económico y político vigente y reprueba a quienes luchan por cambios sociales. Para pertenecer a él se exige adhesión a posiciones tradicionalistas y de conformismo social.
Los miembros de la Corte Suprema tiene vínculos y relaciones con los sectores más conservadores de la sociedad chilena y, generalmente, proceden de ellos.Lo expresado lo podemos corroborar con lo que han manifestado oficialmente los propios Ministros de la Corte Suprema. Según su criterio, la lucha de clases es un mito que debe ser desenmascarado; no existe separación tajante entre la clase trabajadora, por una parte, y los empresarios, los terratenientes, los monopolios y el gran capital nacional y extranjero, por la otra; los poseedores de la riqueza reparten cada vez más sus utilidades entre los que concurren con ellos a la producción de bienes; hablar de la lucha de las masas para arrancar nuevas conquistas de los sectores privilegiados, es despertar rencores censurables y emplear palabras que no reflejan la verdad; las diferencias sociales han desaparecido y en Chile hombres de modesto origen económico pueden alcanzar las más encumbradas posiciones políticas y sociales (Conceptos extraídos de la respuesta de la Corte Suprema a la acusación constitucional que en contra de sus miembros entablaron diez parlamentarios socialistas y comunistas a fines de 1967).Son palabras que…repetidas hoy, marcan una concepción ideológica de quienes las emiten, no compartida por todos los chilenos, ni siquiera por la mayoría.
Es preciso agregar que casi todos los magistrados que así fallan y así opinan, están ciertos de desempeñar sus funciones en la forma más acertada. Es tal el peso de su extracción, de su formación, del medio en el que se desenvuelven y de los estímulos psicológicos que reciben normalmente en su desempeño, que difícilmente llegarán siquiera a interrogarse si no habría una manera diferente de administrar justicia.En sus labores son acompañados por Abogados Integrantes escogidos dentro de cuadros de profesionales animados de su mismo espíritu y que son, algunas veces, asesores jurídicos de las más poderosas empresas nacionales o extranjeras (…).
lunes, 12 de julio de 2010
El debate de los ociosos- El Mostrador 11.07.2010
Alguien decía por ahí que “la mitad de los problemas humanos surgen del exceso de ocio”. Y de verdad, a veces, parece cierto. Es que es difícil explicarse de otro modo el absurdo y provinciano debate acerca de la falta de entusiasmo del saludo de Bielsa a Piñera.
Lo que en un país en serio no habría pasado de ser una nota de chimento social –casi de farándula donde la voz cantante la habrían llevado la hija de Piñera o su tío Miguel- se transformó en el primer tema de la tabla de los asuntos públicos. Y qué decir que eso ocurre, en una país lleno de problemas de verdad, cuyo modelo de desarrollo hace agua –no hay salud de calidad, no hay educación de calidad y una larga lista de etcéteras, para la mayoría de los chilenos-.
Es el debate de los ociosos y sus protagonistas.
Están los patriotas de siempre. Como Sabat. Esos estaban gravemente ofendidos por la falta de ganas de Bielsa al saludar a Piñera. Casi fue, según dijo un conocido sociólogo –en una columna para esas noches de insomnio- una ofensa a la nación. Sí tal como lo leyó.
Lo de ellos no tiene arreglo: se ofenden por cualquier cosa menos por lo importante. No los ofende ni ellos ni a su idea de patria, en cambio, la vergonzosa desigualdad de nuestra sociedad, la pobreza, la falta de oportunidades de tantos de sus compatriotas, etc. Pero vaya a uno ocurrírsele ofender a sus símbolos.
Para ellos, efectivamente, la patria no es un grupo de ideas valiosas que nos dan un sentido de pertenencia común –como la libertad, la igualdad o la democracia-, sino que un puñado de símbolos -la bandera, el himno y ahora nos damos cuenta también darle la mano con entusiasmo al Presidente- que se justifican en sí mismos.
Pero no son lo peores. Porque hay otros que se toman este asunto en serio. Son los cientistas sociales y/o analistas políticos. Esos le dan ribetes seudo sociológicos hasta al más ridículo de los asuntos. Como este, precisamente.
La pregunta, eso sí, la hacen siempre en tono de solemnidad academicista: “¿Qué representa políticamente hablando el gesto de Bielsa en el nuevo Chile?
Entonces, la catarata de lugares comunes que se viene es difícil de soportar: Bachelet representa lo femenino y por ende la simpatía de esas que requieren los pueblos en los nuevos tiempos. Piñera, en cambio, es hombre y por tanto su estilo es duro y calculador, lo que le hace difícil conectar emocionalmente con la gente, ni siquiera en los momentos de júbilo.
Bielsa captaría de todo esto – nos cuenta el analista ocioso- y por eso decide hacer un gesto político de tremenda significación. Y así una larga lista de ramplonería y seudo-academicismo. Reflexiones a las que ya nos tiene acostumbrados, ideas sencillitas de digerir del estilo de “el nuevo Chile es el de la ciudadana empoderada”; “Lagos fue un padre castigador” o “Bachelet era madre acogedora”, etc.
Sólo escribir todo esto me deja al borde del abismo del sentido común.
De datos científicos y duros que acrediten esas frases, ni hablar. Es que las páginas políticas de la Revista Caras o Cosas no soportan pesadeces.
¿Y si lo de Bielsa fuera simplemente desgano o falta de química con Piñera y punto? De ahí quizás que él mismo pidió “no interpretar” su conducta. Pero eso es tan poco sexy y no da para inventarse una teoría ingeniosa.
Mientras tanto, qué diablos, Chile sigue teniendo problemas de verdad. Dan vuelta como fantasmas temas que quedan absolutamente opacados en este festín de los ociosos.
Como Curepto. No hay, así, ni una sola línea para Curepto. Un pueblo en la séptima región de quince mil habitantes donde el 90 por ciento de sus habitantes vive en mediaguas y que a cuatro meses del terremoto no tienen ni la más remota idea de cómo seguirán viviendo porque el Gobierno no tiene aun un plan serio para ellos.
Y cientos de ciudades y pueblos del sur de Chile que todavía no saben nada de nada acerca de su futuro. No hay tinta para la crítica política o social por el abandono del Estado a muchos compatriotas en este caso, sólo – y si es que- para el reportaje emocional de tarde en tarde.
O el royalty minero. Esto es, la brutal restricción a la democracia y la soberanía que el Gobierno y las mineras pretenden conseguir a cambio de un puñado de dólares (600 millones de dólares a cambio de inmunidad tributaria hasta el 2025). Un negocio que inventó en su oportunidad Ricardo Lagos.
Ahí no hay patriotas ofendidos y furiosos. Ni expertos políticos ni sociales que nos expliquen con sesudos análisis cómo es que nuestra soberanía política –para decidir por ejemplo cuánto impuestos queremos cobrar- está a punto de irse a las pailas.
En fin, quizás no hay tiempo para cosas menores.
Lo que en un país en serio no habría pasado de ser una nota de chimento social –casi de farándula donde la voz cantante la habrían llevado la hija de Piñera o su tío Miguel- se transformó en el primer tema de la tabla de los asuntos públicos. Y qué decir que eso ocurre, en una país lleno de problemas de verdad, cuyo modelo de desarrollo hace agua –no hay salud de calidad, no hay educación de calidad y una larga lista de etcéteras, para la mayoría de los chilenos-.
Es el debate de los ociosos y sus protagonistas.
Están los patriotas de siempre. Como Sabat. Esos estaban gravemente ofendidos por la falta de ganas de Bielsa al saludar a Piñera. Casi fue, según dijo un conocido sociólogo –en una columna para esas noches de insomnio- una ofensa a la nación. Sí tal como lo leyó.
Lo de ellos no tiene arreglo: se ofenden por cualquier cosa menos por lo importante. No los ofende ni ellos ni a su idea de patria, en cambio, la vergonzosa desigualdad de nuestra sociedad, la pobreza, la falta de oportunidades de tantos de sus compatriotas, etc. Pero vaya a uno ocurrírsele ofender a sus símbolos.
Para ellos, efectivamente, la patria no es un grupo de ideas valiosas que nos dan un sentido de pertenencia común –como la libertad, la igualdad o la democracia-, sino que un puñado de símbolos -la bandera, el himno y ahora nos damos cuenta también darle la mano con entusiasmo al Presidente- que se justifican en sí mismos.
Pero no son lo peores. Porque hay otros que se toman este asunto en serio. Son los cientistas sociales y/o analistas políticos. Esos le dan ribetes seudo sociológicos hasta al más ridículo de los asuntos. Como este, precisamente.
La pregunta, eso sí, la hacen siempre en tono de solemnidad academicista: “¿Qué representa políticamente hablando el gesto de Bielsa en el nuevo Chile?
Entonces, la catarata de lugares comunes que se viene es difícil de soportar: Bachelet representa lo femenino y por ende la simpatía de esas que requieren los pueblos en los nuevos tiempos. Piñera, en cambio, es hombre y por tanto su estilo es duro y calculador, lo que le hace difícil conectar emocionalmente con la gente, ni siquiera en los momentos de júbilo.
Bielsa captaría de todo esto – nos cuenta el analista ocioso- y por eso decide hacer un gesto político de tremenda significación. Y así una larga lista de ramplonería y seudo-academicismo. Reflexiones a las que ya nos tiene acostumbrados, ideas sencillitas de digerir del estilo de “el nuevo Chile es el de la ciudadana empoderada”; “Lagos fue un padre castigador” o “Bachelet era madre acogedora”, etc.
Sólo escribir todo esto me deja al borde del abismo del sentido común.
De datos científicos y duros que acrediten esas frases, ni hablar. Es que las páginas políticas de la Revista Caras o Cosas no soportan pesadeces.
¿Y si lo de Bielsa fuera simplemente desgano o falta de química con Piñera y punto? De ahí quizás que él mismo pidió “no interpretar” su conducta. Pero eso es tan poco sexy y no da para inventarse una teoría ingeniosa.
Mientras tanto, qué diablos, Chile sigue teniendo problemas de verdad. Dan vuelta como fantasmas temas que quedan absolutamente opacados en este festín de los ociosos.
Como Curepto. No hay, así, ni una sola línea para Curepto. Un pueblo en la séptima región de quince mil habitantes donde el 90 por ciento de sus habitantes vive en mediaguas y que a cuatro meses del terremoto no tienen ni la más remota idea de cómo seguirán viviendo porque el Gobierno no tiene aun un plan serio para ellos.
Y cientos de ciudades y pueblos del sur de Chile que todavía no saben nada de nada acerca de su futuro. No hay tinta para la crítica política o social por el abandono del Estado a muchos compatriotas en este caso, sólo – y si es que- para el reportaje emocional de tarde en tarde.
O el royalty minero. Esto es, la brutal restricción a la democracia y la soberanía que el Gobierno y las mineras pretenden conseguir a cambio de un puñado de dólares (600 millones de dólares a cambio de inmunidad tributaria hasta el 2025). Un negocio que inventó en su oportunidad Ricardo Lagos.
Ahí no hay patriotas ofendidos y furiosos. Ni expertos políticos ni sociales que nos expliquen con sesudos análisis cómo es que nuestra soberanía política –para decidir por ejemplo cuánto impuestos queremos cobrar- está a punto de irse a las pailas.
En fin, quizás no hay tiempo para cosas menores.
martes, 29 de junio de 2010
Un diputado obrero en la Asamblea Constitucional Mexicana de 1917- Roberto Gargarella

La revolución mexicana había estallado ya hace varios años –en 1910-, los ánimos estaban algo más tranquilos, cuando Venustiano Carranza convocó a una Asamblea Constituyente, que habría de terminar con la sanción de la llamativa Constitución de 1917, pionera universal en materia de derechos sociales.
Las razones que explican el notable, sorprendente, adelantado carácter social de esta Constitución son muchas, pero aquí quisiera mencionar sólo una de ellas: la presencia de algunos “diputados obreros” en el seno de la Constituyente. El punto me parece importante porque solemos olvidar la determinante influencia de quienes escriben un texto, en el contenido final de ese texto. Actuamos como si una decisión judicial, por caso, estuviera fundamentalmente determinada por el derecho escrito, y no tanto (y a veces, ni siquiera un poco) por la personalidad del juez que la escribe. Llegamos a creer que una buena Constitución necesita más de expertos juristas -entre quienes la escriben- que de puntos de vista diferentes (y sobre todo, de lo que Rawls llamaría “el punto de vista de los más desfavorecidos”).
La realidad suele ser muy distinta de lo que en primera instancia pensamos: la ausencia de las voces y reclamos de los marginados, de los obreros, de los desocupados, de los que están peor, tiene enorme poder explicativo (y predictivo), y nos ayuda a entender los sesgos anti-populares de muchas decisiones judiciales; el conservadurismo, verticalismo y quietismo de muchas nuevas Constituciones; o la sistemática falta de atención efectiva hacia los intereses de los grupos más desaventajados de la sociedad, por parte de quienes deciden las políticas públicas.En homenaje a las voces que no se escuchan, aquí va una parte de la decisiva intervención del diputado obrero Héctor Victoria, en la Convención mexicana. Su palabra sería crucial para cambiar el curso de un proyecto constitucional inicial –el del Presidente Carranza- que apenas si incorporaba una preocupación por los intereses de los obreros, y daba sólo tenue impulso a la imprescindible reforma agraria.
Decía HV:“Un representante obrero del estado de Yucatán viene a pedir aquí se le legisle radicalmente en materia de trabajo. Por consiguiente, el artículo..a discusión, en mi concepto, debe trazar las bases fundamentales sobre las que ha de legislarse en esa materia, entre otras las siguientes: jornada máxima, salario mínimo, descanso secundario, higienización de talleres, fábricas y minas, convenios industriales, creación de tribunales de conciliación, de arbitraje, prohibición del trabajo nocturno a las mujeres y a los niños, accidentes, seguros e indemnizaciones…Los que estamos en continuo roce con los trabajadores sabemos perfectamente que por efecto de la educación que han recibido, no son previsores; por consiguiente, tienen que sujetarse, en la mayoría de los casos, a la buena o mala fe de los patrones. [Pero ocurre que] en ninguno de los dos dictámenes se trata del problema obrero con el respeto y atención que merece. Digo esto, señores, porque lo creo así, repito que soy obrero, que he crecido en los talleres y que he tenido a mucha honra venir a hablar a esta tribuna por los fueros de mi clase…no creo que la comisión deba limitarse, por lo tanto, a decirnos que el convenio de trabajo ha de durar un año, cuando pasa por alto cuestiones tan capitales, como las de higiene de minas, fábricas y talleres”
El discurso de HV sorprendió a muchos, pero desde allí, la Convención tomó otro curso, y la discusión cobró finalmente sentido.
lunes, 21 de junio de 2010
Pinochetismo, ese placer culpable. El Mostrador 17.06.2010
En un frío invierno inglés a fines de los noventa, Tony Blair decidió calentar la temperatura del debate político fustigando a los conservadores. Los trató de pertenecer al partido de lo intragable, lo indefendible y lo innombrable.
Eso, por defender al mismo tiempo la caza de zorros –lo intragable-, los privilegios de la nobleza –lo indefendible- y a Pinochet –el innombrable-. El escándalo lo provocó su ataque a los cazadores de zorros y a los nobles.
Es que por en el innombrable –como lo llamó Blair- nadie gastaba una vela, no obstante que entre los conservadores ingleses contaba con más de algún nostálgico partidario -de esos que admiran a dictadores tercermundistas de lejos-. Pero mejor era guardar silencio.
Es que ser pinochetista no es fácil. Menos iniciado el siglo veintiuno. Época de democracia, globalización y tolerancia. No debe ser fácil, entonces, morderse la lengua ante tanto olvido. Ante tanto desprecio y desconsideración.
Eso, por defender al mismo tiempo la caza de zorros –lo intragable-, los privilegios de la nobleza –lo indefendible- y a Pinochet –el innombrable-. El escándalo lo provocó su ataque a los cazadores de zorros y a los nobles.
Es que por en el innombrable –como lo llamó Blair- nadie gastaba una vela, no obstante que entre los conservadores ingleses contaba con más de algún nostálgico partidario -de esos que admiran a dictadores tercermundistas de lejos-. Pero mejor era guardar silencio.
Es que ser pinochetista no es fácil. Menos iniciado el siglo veintiuno. Época de democracia, globalización y tolerancia. No debe ser fácil, entonces, morderse la lengua ante tanto olvido. Ante tanto desprecio y desconsideración.
Debe ser difícil viajar por el mundo, especialmente a esos países desarrollados que el chileno medio suele admirar –USA o Europa- y darse cuenta que lo íntimamente admirado provoca tanta repulsión y rechazo. No es exagerado decir, que para esas sociedades, Pinochet representa -con esa foto con anteojos oscuros de fondo- lo más parecido al mal.
Pero mientras algunos –la mayoría- aprieta los dientes y resiste, llevando su pinochetismo como esos placeres que en público nos dan vergüenza, otros –los menos- se desatan. Como Otero y Piñera, José.
Por eso –unos pocos pinochetistas furiosos y desatados cual señora de la Fundación Pinochet- no deberían preocuparnos mayormente.
Nadie espera que personas que participaron y que gozaron de un poder que jamás habrían dispuesto en una democracia en forma, como José Piñera, tengan el más mínimo atisbo de reflexión y autocrítica. En ellos siempre estará el alarido del fanático, o lo que es peor, del agradecido.
Es obvio que como sociedad habría sido mucho mejor que buena parte de nuestra derecha política hubiera reflexionado y volviendo sobre sus pasos, hubiese reconocido el error histórico de apoyar hasta el último de sus días una dictadura que despreció con tanta furia la vida y la dignidad de nuestros compatriotas.
Pero qué va. Para personas como José Piñera, que ubican la propiedad individual y su defensa como un valor infinitamente superior a la vida o a la libertad personal –de ahí su disparatada comparación entre Hitler y Allende- eso es un lenguaje simplemente ininteligible.
Honestamente, no estamos para esperar tanta virtud y lo que es más importante, ni siquiera lo requerimos.
En efecto, nuestros pinochetistas no tienen ni por asomo esa sensibilidad moral que requiere el arrepentimiento. Esa delicada pero potente disposición que llevo a Günther Grass –sin mayor necesidad que la urgencia que produce hacer justicia con la propia historia y la de los demás- a reconocer con vergüenza, 60 años después, que participó brevemente en las S.S. del régimen nazi.
Ante la calidad moral de nuestros pinochetistas, en cambio, no tiene mucho sentido esperar vergüenza genuina, esa que deriva del arrepentimiento. Nos debe bastar –y sinceramente creo que basta- la vergüenza pública.
Por ello el abierto rechazo al neo-pinochetismo, ya sea por las propias instituciones -como en el caso Otero- o por los propios políticos –como en el caso Piñera- es una buena noticia en esa dirección.
En el resto de los casos, nos debe bastar con que la mayoría de ese pinochetismo siga siendo un gusto puertas adentro. Extraño e inconfesable –qué duda cabe- para el resto de los mortales que solemos valorar la vida, la democracia y los derechos humanos.
Un placer culpable creo que se llama.
Pero mientras algunos –la mayoría- aprieta los dientes y resiste, llevando su pinochetismo como esos placeres que en público nos dan vergüenza, otros –los menos- se desatan. Como Otero y Piñera, José.
Por eso –unos pocos pinochetistas furiosos y desatados cual señora de la Fundación Pinochet- no deberían preocuparnos mayormente.
Nadie espera que personas que participaron y que gozaron de un poder que jamás habrían dispuesto en una democracia en forma, como José Piñera, tengan el más mínimo atisbo de reflexión y autocrítica. En ellos siempre estará el alarido del fanático, o lo que es peor, del agradecido.
Es obvio que como sociedad habría sido mucho mejor que buena parte de nuestra derecha política hubiera reflexionado y volviendo sobre sus pasos, hubiese reconocido el error histórico de apoyar hasta el último de sus días una dictadura que despreció con tanta furia la vida y la dignidad de nuestros compatriotas.
Pero qué va. Para personas como José Piñera, que ubican la propiedad individual y su defensa como un valor infinitamente superior a la vida o a la libertad personal –de ahí su disparatada comparación entre Hitler y Allende- eso es un lenguaje simplemente ininteligible.
Honestamente, no estamos para esperar tanta virtud y lo que es más importante, ni siquiera lo requerimos.
En efecto, nuestros pinochetistas no tienen ni por asomo esa sensibilidad moral que requiere el arrepentimiento. Esa delicada pero potente disposición que llevo a Günther Grass –sin mayor necesidad que la urgencia que produce hacer justicia con la propia historia y la de los demás- a reconocer con vergüenza, 60 años después, que participó brevemente en las S.S. del régimen nazi.
Ante la calidad moral de nuestros pinochetistas, en cambio, no tiene mucho sentido esperar vergüenza genuina, esa que deriva del arrepentimiento. Nos debe bastar –y sinceramente creo que basta- la vergüenza pública.
Por ello el abierto rechazo al neo-pinochetismo, ya sea por las propias instituciones -como en el caso Otero- o por los propios políticos –como en el caso Piñera- es una buena noticia en esa dirección.
En el resto de los casos, nos debe bastar con que la mayoría de ese pinochetismo siga siendo un gusto puertas adentro. Extraño e inconfesable –qué duda cabe- para el resto de los mortales que solemos valorar la vida, la democracia y los derechos humanos.
Un placer culpable creo que se llama.
lunes, 31 de mayo de 2010
Perra musulmana - El mostrador 13.05.2010
Nora Melo tuvo un par de malas ideas: primero decidió cambiar de religión. Segundo, se cambió a una religión minoritaria en Chile. Y tercero, intento ser coherente con su nuevo ideario y vivir acorde a su nueva fe. El resto es pura mala suerte: trabajaba en un call center.
De ahí en adelante, se convirtió en la “perra musulmana” para sus jefes. Ese insulto no era, en todo caso, lo único. Junto a él venía lo que se llamaría un acoso u hostigamiento en forma, de esos que describen los manuales de sicología: le otorgaban sus descansos en un horario distinto al del resto de sus compañeros, era aislada en un puesto de trabajo alejado de los demás, se le prohibía hablar árabe y se le conminaba frente a todos a irse a los países de su religión.
Todo, dicho y hecho por trabajadores como ella. Personas cuya superioridad venía dada por ganar cien mil pesos más, tener un puesto de trabajo con un separador de ambiente y un cargo con un título de ficción (“project manager” como en este caso). Algo así como los neonazis chilenos morenitos y con cara de plaza de pueblo, como diría Parra.
Es primera vez en Chile que un trabajador recibe una tutela de tal calado ante el hostigamiento y la discriminación por razones de religión, marcando una pauta de no retorno en la protección de los trabajadores.
Cuando la empresa tomó conocimiento de la conducta de sus jefes, ocurrió lo que también señalan los manuales: nada.
Todo esto quedó debidamente acreditado en el juicio que enfrentó a la Sra. Melo con su empresa -recientemente concluido- , el cual la trabajadora musulmana ganó estrepitosamente.
El razonamiento de la justicia ha sido impecable: La trabajadora Nora Melo Iribarren, se vio afectada por los insultos y discriminación ejercida en su contra, traduciéndose aquello un padecimiento que alteró su salud psíquica y le produjo sufrimiento, aflicción e impotencia de verse expuesta a tales acciones” y que, por tanto, corresponde el pago de una indemnización por daño moral, de cinco millones de pesos, y el cese inmediato del hostigamiento en su contra. Además, cambiar de lugar físico a los jefes maltratadores respecto de la trabajadora y hacer un seminario de capacitación a todos los trabajadores de la empresa para mejorar el respeto de los derechos fundamentales. Y por si fuera poco, la empresa debe publicar en el diario mural una carta de disculpa con la Sra. Melo.
Por lo recién dicho, este fallo no es uno más. Todo lo contrario: es primera vez en Chile que un trabajador recibe una tutela de tal calado ante el hostigamiento y la discriminación por razones de religión, marcando una pauta de no retorno en la protección de los trabajadores en nuestro país.
Ello es muy importante en un país con ambientes laborales fuertemente autoritarios ejercidos, en muchas ocasiones, ya no solo de parte de los dueños, sino de jefes menores y a veces de los propios compañeros de trabajo.
Autoritarismo reforzado por el marco de una sociedad que siendo altamente homogénea en términos étnicos, culturales y religiosos tiene, un escaso espacio para la tolerancia.
Lugares de trabajo que no hacen, por tanto, sino reproducir nuestra atávica aversión social por aquellos que toman los caminos que no nos gustan. Lugares donde el que no es heterosexual, católico y de “buena presencia”, tiene altas posibilidades de ser hostigado. A veces en forma suave –con tallas a lo chileno-, a veces en forma brutal, con acoso y hostigamiento.
En ambas, en todo caso, con discriminación.
Y en ese sentido el fallo del juez del trabajo es una notable noticia que el derecho nos da de tanto en tanto. Comúnmente preocupado de los grandes intereses y de los grandes poderes, a veces tiene tardes soleadas: como cuando decide que los jefes o los empresarios no pueden discriminar por razones de religión, pero tampoco – y aquí viene la parte mas significativa- por muchas otras: sexo, opinión política, sindical, raza o etnia, etc.
En todas y cada una de ellas, en la nueva justicia laboral chilena los trabajadores tienen derecho a demandar. Como lo hizo la Sra. Melo.
Por ello, es seguro que el futuro nos deparará más sorpresas de las buenas.
De ahí en adelante, se convirtió en la “perra musulmana” para sus jefes. Ese insulto no era, en todo caso, lo único. Junto a él venía lo que se llamaría un acoso u hostigamiento en forma, de esos que describen los manuales de sicología: le otorgaban sus descansos en un horario distinto al del resto de sus compañeros, era aislada en un puesto de trabajo alejado de los demás, se le prohibía hablar árabe y se le conminaba frente a todos a irse a los países de su religión.
Todo, dicho y hecho por trabajadores como ella. Personas cuya superioridad venía dada por ganar cien mil pesos más, tener un puesto de trabajo con un separador de ambiente y un cargo con un título de ficción (“project manager” como en este caso). Algo así como los neonazis chilenos morenitos y con cara de plaza de pueblo, como diría Parra.
Es primera vez en Chile que un trabajador recibe una tutela de tal calado ante el hostigamiento y la discriminación por razones de religión, marcando una pauta de no retorno en la protección de los trabajadores.
Cuando la empresa tomó conocimiento de la conducta de sus jefes, ocurrió lo que también señalan los manuales: nada.
Todo esto quedó debidamente acreditado en el juicio que enfrentó a la Sra. Melo con su empresa -recientemente concluido- , el cual la trabajadora musulmana ganó estrepitosamente.
El razonamiento de la justicia ha sido impecable: La trabajadora Nora Melo Iribarren, se vio afectada por los insultos y discriminación ejercida en su contra, traduciéndose aquello un padecimiento que alteró su salud psíquica y le produjo sufrimiento, aflicción e impotencia de verse expuesta a tales acciones” y que, por tanto, corresponde el pago de una indemnización por daño moral, de cinco millones de pesos, y el cese inmediato del hostigamiento en su contra. Además, cambiar de lugar físico a los jefes maltratadores respecto de la trabajadora y hacer un seminario de capacitación a todos los trabajadores de la empresa para mejorar el respeto de los derechos fundamentales. Y por si fuera poco, la empresa debe publicar en el diario mural una carta de disculpa con la Sra. Melo.
Por lo recién dicho, este fallo no es uno más. Todo lo contrario: es primera vez en Chile que un trabajador recibe una tutela de tal calado ante el hostigamiento y la discriminación por razones de religión, marcando una pauta de no retorno en la protección de los trabajadores en nuestro país.
Ello es muy importante en un país con ambientes laborales fuertemente autoritarios ejercidos, en muchas ocasiones, ya no solo de parte de los dueños, sino de jefes menores y a veces de los propios compañeros de trabajo.
Autoritarismo reforzado por el marco de una sociedad que siendo altamente homogénea en términos étnicos, culturales y religiosos tiene, un escaso espacio para la tolerancia.
Lugares de trabajo que no hacen, por tanto, sino reproducir nuestra atávica aversión social por aquellos que toman los caminos que no nos gustan. Lugares donde el que no es heterosexual, católico y de “buena presencia”, tiene altas posibilidades de ser hostigado. A veces en forma suave –con tallas a lo chileno-, a veces en forma brutal, con acoso y hostigamiento.
En ambas, en todo caso, con discriminación.
Y en ese sentido el fallo del juez del trabajo es una notable noticia que el derecho nos da de tanto en tanto. Comúnmente preocupado de los grandes intereses y de los grandes poderes, a veces tiene tardes soleadas: como cuando decide que los jefes o los empresarios no pueden discriminar por razones de religión, pero tampoco – y aquí viene la parte mas significativa- por muchas otras: sexo, opinión política, sindical, raza o etnia, etc.
En todas y cada una de ellas, en la nueva justicia laboral chilena los trabajadores tienen derecho a demandar. Como lo hizo la Sra. Melo.
Por ello, es seguro que el futuro nos deparará más sorpresas de las buenas.
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